Yo tuve tres amigos.

Prueba1Cuando al momento de caer enfermo de diabetes publiqué mi desgracia por tierra, mar y aire, cada cual es como es y cada cual me respondió como quiso. Yo acepté todos los comentarios como parte de la ayuda que me hacía falta. Todos, menos tres, esos tres que se dicen amigos para lo que haga falta y que al momento de la falta te das cuenta de que maldita la que te hacen y entre menos bulto más claridad, te los vas quitando de delante y hasta respiras mejor.

El primero se borró de la lista de amigos cuando me repitió por enésima (y última) vez que Cuba tiene la vacuna contra el cáncer, y que si acá nos seguimos muriendo de eso es por culpa del imperialismo internacional, todo ello con acento cubano, que en boca de un nativo de la isla de Fidel ni me va ni me viene, pero en la de un oriundo de la Villa Mariana como que me infló las pelotas por última vez.

El segundo es el tópico amiguete que sieeeeeeeempre tiene un conocido para predicarte su evangelio, en el que te vas a ir al infierno por no seguir su doctrina. El amigo en cuestión es uno que en mis circunstancias se dejó de medicinas y gilipolleces, se metió en Decathlon y salió de allí vestido como un guacamayo a combatir la enfermedad a base de triscar por esos montes cual cabra del padre Báez. Me tuvo más de un año con la prédica, hasta que se supo hace un par de meses que el desgraciado naturista está confinado en una silla de ruedas, con las piernas amputadas y preso de una bomba de insulina lo que le reste de vida.

El tercero nunca falta al convite, no me digas que tú no tienes uno que ensalza las virtudes de cualquier charlatán, de cualquier remedio secreto que se acaba de publicar en un libro donde se pone en su sitio a toda esta mierda de hospitales y médicos sinvergüenzas, peones de los intereses de las multinacionales farmacéuticas. Hombre, este se descalificó solo y enseguida, cuando por un dolorcillo propio de parvulario puso en pie de guerra una planta entera del Negrín y se jincó en una semana más pastillas que Mick Jagger en cuatro años.

Bien dice el refranero que a la hora de hacerle caso a según qué consejos, para las cuestas arriba tengo mi burro y para las cuestas abajo, yo me las subo.

Buen día.

2 pensamientos en “Yo tuve tres amigos.

  1. Un médico, en este caso supongo que especialista en endocrinología, ha estudiado seis años, más dos o tres de residente, unos cuando años o décadas estudiando el asunto, yendo a congresos y actualizándose. Por muy tronco que sea el fulano, tengo la seguridad que sabe más que ese amigote enterado que, con carrera o sin ella, nunca ha estudiado medicina más allá de los prospectos. Si tengo que elegir, elijo al médico, y si no me convence porque a lo mejor tiene un mal día, voy a otro médico y pido una segunda opinión, pero no al amigote. La conclusión es que un médico, por muy preparado, vocacional y profesional que sea, puede equivocarse porque es humano, pero es que el amigote no es que se equivoque, es que de entrada no sabe ni de lo que está hablando. Por eso digo siempre que mis problemas económicos los discuto con la directora de la sucursal, los familiares con la familia y los de salud con un médico. Lo demás son fuegos artificiales. Y a todas estas, ¡SALUD!

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