¿Sin honor? Ya veremos…

imagesConozco personalmente al noventa por ciento de mis amigos en Facebook, bien porque los conocía de antes, bien porque los conozco a partir de esta red social, bien porque hacía un montón de años que no los veía y gracias a este invento los he vuelto a ver. A algunos no los conozco, pero se sabe quiénes son, y estos son los menos; a otros aún no, pero todo se andará. Y entre ellos los hay extremistas de esas dos Españas, malditas pero omnipresentes en estos tiempos, que para poderse mantener en mi página tienen que respetarme a mí como yo los respeto a ellos, aunque dudo mucho que el día (cada vez más cercano) en que se acabe mi régimen social, ese respeto se siga manteniendo.

En esta pelea constante en que se ha convertido España, este vodevil estúpido y necio donde todos tienen razón, pero toda razón pasa por el exterminio de la otra parte, esta semana se ha vivido un capítulo que nunca debió existir, pero forma parte de nuestra realidad cotidiana: la dimisión de José Manuel Soria, una pieza de cacería mayor que cae bajo el silencio avergonzado y cómplice de uno de los bandos y la algarabía desmesurada de la otra parte en guerra. Es normal que el Gobierno intente a la desesperada salvar a uno de los suyos, no conviene ahora mover fichas de esa manera. En su defensa, los argumentos han sido más bien penosos, pero queda claro que de ese bando en guerra nadie deserta, y que Soria se ha ido, pero el voto fiel permanece.

Sin embargo, a la hora de decir adiós a lo más alto que había tenido Canarias en un Gobierno español desde Negrín (Saavedra también llegó, pero no fue lo mismo y lo de León y Castillo tiene tantas luces como sombras y la foto no se ve bien) yo me pasmo al ver tanto odio, tanta inquina, tanta venganza. Se ha ido, pero sin honores, reducido a mandar en segundo plano en el partido en Canarias, odiado por los suyos en la Península, convertido en tabú, sin posibilidad de retorno al menos a medio plazo.

Todo ha salido justo al revés de lo calculado. Pero con la enseñanza de que eso es lo que suele cosechar quien siembra lo que Zé Manué se ha dedicado a esparcir durante todos estos años. Ahora, el descrédito, el deshonor, la deshonra, son las compañeras de viaje de este hombre que ni de coña abandonará la política, que no dejará la conspiración, que no se dedicará a sus asuntos particulares, sino que poco a poco, con más rabia, rencor y odio prepara desde ya la venganza.

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