Reinas magas y pajas reales.

Reyes MagosNo viene a cuento meterse en el terreno de la exégesis evangélica, que en cualquier caso siempre estoy dispuesto a debatir porque es un tema que me apasiona. Únicamente diría que sobre la base del llamado protoevangelio de Mateo, escrito en arameo a poco de la muerte del pretendido Mesías, se escribió todo un tratado evangélico dirigido a la comunidad judía de Caldea, la más numerosa y floreciente del exilio, la Diáspora.

Claro que se puede negar la veracidad de todos estos escritos y su misma existencia, pero por esos mismos motivos, yo podría negar la existencia del mismísimo Sócrates. La doctrina Julián Marías («¿usted lo vio?») no puede argumentarse en muchos casos, como este mismo.

Conforme a la costumbre persa, continuada por los griegos y por los judíos, Jesús tuvo su biografía de la infancia, una sarta de disparates que tratan de presentar al modo oriental al gran hombre que fue después, en el caso de los judíos las historias de Moisés y David, por ejemplo, y que son imposibles de conciliar con la vida adulta de los héroes. De Jesús se escribieron toda clase de disparates que no pueden tomarse en serio, y cuando en el Concilio de Hipona de 393 se estableció el canon de los libros sagrados cristianos, ya quedó claro que los llamados Evangelios de la infancia de Jesús eran apócrifos ─no escritos, se sobreentiende que por la inspiración divina─.

Se les planteó entonces el qué hacer con algunas de las cosas seguidas por los creyentes y no resultaban dañinas para el dogma cristiano. Y en cuanto al nacimiento y la infancia de Jesús ─hay otras ya de mayor─ se colocaron en la llamada Sagrada Tradición todas esas cosas que hasta la actualidad se siguen viendo en los Belenes, aunque en ocasiones contradiga al evangelio canónico: El Nacimiento en una cueva; el gallo que cantó; la flor en la vara de San José; la alpispa ─ya sé que se dice pájaro lavandera en el canario actual─ que borra las huellas de la Sagrada Familia rumbo a Egipto… Y que los magos eran tres, eran reyes y se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar.

Posteriormente, los tres reyes fueron cambiando de raza hasta ser blanco, amarillo y negro; y acabaron enterrados en la catedral de Colonia, Alemania. A todo ello se suma el verdadero primer Belén representado, el de Francisco de Asís, que haciendo una piadosa interpretación de un pasaje del profeta Isaías (Is 1,3), convierte el Nacimiento en un potaje de todo ingrediente.

El llamado Evangelio según San Mateo fue compuesto para anunciar a la comunidad caldea la resurrección de Jesús y la nueva religión; escrito sobre la base del protoevangelio, se ocupa de hacer constantemente a Jesús el Mesías, el objeto de todas las profecías, y añade un nexo con el lugar adonde se dirige, en el cual hay una religión, el mazdeísmo, que se basa en la llamada profecía de Zoroastro, según la cual el hijo de Dios nacería en un lugar señalado por una estrella. Sus sacerdotes ─los llamados magos─ serían los señalados por Mateo para reconocer a Jesús como rey de todas las religiones.

Después, cada cual hizo la interpretación que quiso, incluyendo aquella de Jiménez del Oso en los setenta, según la cual, la Estrella de Oriente era un ovni, y pasando por la de JJ Benítez en los noventa, donde todos los actores de aquella leyenda eran marcianos. Más lamentable es la reacción de los propios católicos cuando Benedicto XVI fue a poner las cosas en su sitio y se le tiraron al cuello creyentes, ateos y resto de la fauna desde la ignorancia y la demagogia.

Lo de Carmena de este año ha sido un paso más. Sólo eso. Un paso para destruir el Día de Reyes, banalizando y frivolizando el sentimiento de mucha gente, sabiendo ─y esto es lo que más duele─ que quienes se sienten ofendidos van a reaccionar de una manera tan sonrojante que al final hasta los amantes de esta Fiesta nos sentimos avergonzados y le daremos la razón a Carmena para que a fin de cuentas haga lo que cualquier ateo: acabar con cualquier vestigio que le suene a cristiano.