Al medir contaremos… (1)

imagenpoliticaCon ocasión de la mal llamada dimisión del entonces ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, aquel nefasto esbirro de la Conferencia Episcopal, de infausto recuerdo para los pobres, aquel que le quitó a usted y a mí la gratuidad del Registro Civil, aquel que le obligará ahora a pagar por registrar un hijo que le nazca o pagar hasta 300 euros por un certificado de matrimonio, mi amigo Esteban le dedicó un panegírico en su despedida. Naturalmente, desde el punto de vista de un católico como es, que el ya ex ministro se fuera por la frustración de no poder aprobar una restricción en la Ley del Aborto le pareció coherente, digna. Y de paso, mi amigo publicó una referencia halagadora al anuncio de Isabel Mena de no presentarse candidata por su partido ─el psocialista, al decir del gran Pepe Alemán─ a las próximas elecciones municipales de mayo.

De inmediato, incluso antes de que me diera tiempo a publicarle mi respuesta, Ruiz Gallardón se calificó solo como sólo lo hacen ─aprovecho para ciscarme en algunas disposiciones de la RAE de 2010─ los profesionales de la Política, tan digna Ella como indignos ellos. Y cuanto a la señora Mena, yo supongo, malignamente, que más que saludar la decisión, se saluda el que alguien que no hizo más allá que poner una estatua y pintar una pared cuando tuvo mando, no vuelva a sentar sus reales ─o republicanos, que mola más─ en Tamaraceite.

Ya le dije al amigo que no me creía tanta bondad politiquera, y que emplearíamos el refrán “al medir contaremos” antes de mayo. Y mira por dónde, coño. En menos que cantó un gallo, el noble ‘pepero’ estaba instalado en un cómodo sueldecito de 80.000 al año, pensiones vitalicias aparte, y usted sabrá a cambio de qué, no siendo el vivir para siempre de mis impuestos, que tengo que pagar yo para sacar a España de la crisis como única solución. Y por hoy dejo esto, que me emputo y me imputan.

Lo de la otra es de traca, y lo que te rondaré morena. Claro que no va a presentarse como candidata a la alcaldía. Ni que hubiera en el psocialismo capitalino quien la vaya a tragar de cualquier manera. Ni que las amistades que tiene a capa y espada en Tamaraceite le sirvieran en todas partes, con el único objetivo que le sirven en Tamaraceite, el de descalificar a siniestro y sobre todo a diestro, sin poner sobre la mesa solución alguna que no sea cualquier manifiesto demagógico. Se ha jugado el resto, su resto, a la candidata chupiguay del Paraguay que alguien, por esas cosas del querer, impuso desde el Tenerife inexplicable y la sangre de las peleas internas del psoe grancanario elevó a los altares, ‘ma non troppo’.

No hemos llegado al final del camino, y ya estamos contando sin medir ni la mitad, amigo Esteban.