Recuerdo del adviento.

velas de advientoYa se han ido las Navidades, y reflexiono ahora acerca del adviento, esa parte del calendario litúrgico que me resulta útil. Yo no creo en Dios, así, como persona, como ente aparte. Creo, sí, en el Todo, en que todo lo que vemos y lo que no, lo que conocemos y lo que nos falta por conocer, componemos ese Todo. Por tanto, me defino como pananteísta, todo es Dios, pero no creo que un auto proclamado Mesías sea ese Dios, ni ningún profeta, ni ningún ser supremo, menos en contacto con nosotros. Eso no significa, por contra, que abomine de mis tradiciones, que de vez en cuando me meta en una misa y me relaje, reflexione, mientras el oficiante se preocupa de soltarnos el mensaje de propaganda del Partido Popular, unos, o de Vox, según los casos. Qué lejanos aquellos tiempos en los que había curas comunistas, allá por aquella Década bendita, o que un cura te recomendaba, como voto responsable, la UCD.

Sin embargo, el adviento, como cuatro etapas de un encuentro me resulta interesante. Ellos, claro, lo hacen anunciando el nacimiento de Jesús, el encuentro con Él al momento de la muerte o la espera por el Juicio Final. Yo, a cambio, y en sintonía con el mensaje cristiano primario, trato de encontrar un sentido a las Navidades lejano a esas saturnales que seguimos viviendo año tras año. Y así, mientras fuera todo son colas y prisas en los centros comerciales, luces en la noche permanente de diciembre, agobios y salidas de pata de banco en la economía, yo me llevaba a mi madre a aquellas misas de sábado a las siete y media, bajo el aguacero de fuera, al son del viento, con las ropas de abrigo y la melancolía de otros tiempos de iglesias llenas mientras miro aquellos vacíos que antes fueron gentes. Y mientras el cura invita a acudir a la guerra contra el estado islámico, y eso que aún no habían atacado Europa como hicieron después, yo recordaba aquellas personas que ya no están, y trataba de adivinar qué habrá sido de las que sí están pero ya no vienen.

El presunto sochantre canta con voz cascada y se equivoca mientras aporrea el teclado, mientras el cura mete a destiempo su voz cascada del tabaco, las cuatro viejas pretenden cantar, mi madre cree que gana puntos para la Vida Eterna – pero por si las moscas, cuanto más se retrase, mejor – y yo miro al Corazón de Jesús y sonrío.

Andrea Camilleri: Un paso antes del duelo.

books1El criterio que tengo para seguir amistades en Facebook es doble: o bien porque nos conocemos personalmente o alguien me pide su ‘amistad’ virtual, en un caso, o en el segundo, porque se trata de alguien de quien puedo aprender, alguien que enseña. Y desde luego, si hay alguien de quien aprender es aquella persona amante de Literatura, Historia o cualquiera de las Bellas Artes, porque yo considero que son formativas de la Cultura por el buen camino, no susceptible de desvío hacia posturas regresivas como el nacionalismo que tanto detesto, o las dictaduras, algunas de moda como el anhelo actual de regresar a la caverna comunista que nos invade y nos subyugará, si Dios no lo remedia –en el sentido literal– dentro de unos meses.

Acepto de buen grado sugerencias que me hagan descubrir lecturas y autores desconocidos, no todo va a ser Proust y Kierkegaard, Marías y Vargas Llosa. La Literatura ligera es tan válida y tan legítima como cualquier obra compleja de Galdós, y necesaria, cuando menos, para quien como este humilde soplabotellas (y hasta otras sopladurías que vengan a la mente, también), encuentra incluso la diversión sin salir de los libros.

Por eso pedí a los Reyes Magos lo que se pudiera encontrar de Andrea Camilleri, porque venía bien recomendado, porque conocía, a través de la televisión, la base de su obra, y porque después de acabar el tocho número cinco de ‘A la recherche…’ tenía ganas de desengrasar. Siempre fui un fanático seguidor de esos personajes que protagonizaban novelas por episodios, llámense Sherlock Holmes, Hercules Poirot, Ms. Marple, Perry Mason, Pepe Carvalho… Tengo alguna anécdota con todos ellos, como que en los trece meses que estuve haciendo la mili en ‘El Picacho’ fui el único usuario de la Biblioteca de la Base, y que me enchufé todos los cómics de Asterix que había allí, más de treinta, una enorme cantidad de libros y la serie completa de Perry Mason, según se presumía en cada tomo.

De donde tengo más anécdotas, en todo caso, es de las novelas del Oeste, aquellas que tan magistralmente escribía el autor por antonomasia de aquel género, Marcial Lafuente Estefanía, y de lo que es culpable – una vez más – mi tía Guadalupe, quien se presentó en la habitación de la Clínica del Pino donde estuve ingresado en la primavera de 1977 con dos novelas de aquellas, que rápidamente me atrajeron y me llevaron de la mano de más de cien libritos de aquel tamaño inconfundible, incluyendo a Keith Luger y hasta que me enteré de que Silver Kane era más español que la tortilla y se acabó la magia.

Las novelas son argumento y relato. Y puede haber un relato grandioso sin argumento, y llegamos a Proust; y puede haber las dos cosas, y ahí está Cervantes; y puede haber argumento con poco relato, y ahí estaban las novelas del Oeste. O, como acabo de descubrir ahora, Andrea Camilleri. Y por ese argumento y ese relato, quería que Camilleri, y su comisario Montalbano, quedaran un paso antes de las novelas del Oeste: porque al final de todas ellas, la chica se quedaba con el vencedor del duelo a muerte. Y mis balas eran de fogueo.

Tarde de Reyes…

Reyes MagosNostalgias de recuerdos lejanos, perdidos en el tiempo, ensoñaciones infantiles de aquella casa, de aquellos tiempos, de las circunstancias que me tocó vivir, de las que no reniego. Recuerdos que me acompañarán toda mi vida, de cuando un día como mañana era la razón de ser de un año entero. Recuerdos que ahora no nublan el presente, no lo tratan de desvirtuar ni modificar. Simplemente, recuerdos que hacen que me alegre de haberlos vivido.