Felicidades. O no…

En un rincón del alNavidadma, como en la maravillosa canción de Alberto Cortez, que raramente escucho sin acabar perdiendo todos los puntos cardinales, se guardan los recuerdos de aquellas compañeras de viaje que he tenido en mi vida y poco a poco, golpe a golpe, se han ido marchando de mi lado: la creencia, la fe, la ideología, y de un modo muy especial, la ilusión.

En un rincón del alma, ya sólo guardo los fracasos que la vida me dio; traiciones de quien me abandonó; pero también pequeñas alegrías que ahora no pueden anunciarse sin temor. En un rincón, donde está lo poco que me va quedando que valiera la pena, queda, cada vez más apagada en medio de tanta luz; cada vez más callada, ahogada en el ruido; cada vez más lejana, en la proximidad del desastre, la Navidad.

Allí permanecen los villancicos, los recuerdos, las reuniones, la presencia de todos cuantos se han ido, la ilusión, los buenos deseos, la alegría de los míos, las ganas de vivir, la sorpresa que la vida te regalaba cada año. Voces, risas, vivas, gritos, polvorones, juguetes, postales, cintas de colores, belenes, musgos, visitas, nervios, sorpresas, emociones… Nosotros.

Parece mentira, el futuro se ha ido, es la peor ausencia. Y, en un rincón del alma, guardo la alegría de haberla vivido, el orgullo de haber sido como fui, de haber tenido lo que tuve, y hasta de carecer de lo que no llegué a tener, de suspirar por lo que deseé. Inútil ante el dolor que tengo a mi alrededor, ante la desesperación de las víctimas del desastre, empalago de quien ya no quiera escucharme, nadie la sacará de mi alma. La guardaré hasta el día en que me vaya yo.

De efemérides.

no al tabacoMuchos de mis amigos en Internet, de esos que no piensan en fútbol cuando oyen hablar de Javier Marías, suelen citar efemérides en sus páginas, y yo, por no ser menos, también dispongo de una muy especial, que hoy se cumple un año más. Lo que empezó siendo una necesidad se transformó en una costumbre y está a un paso de convertirse en una tradición.

Fue tal día como hoy, en 2005, un sábado por la mañana, que me fumé un cigarro en la Fuente del Grillo, antes de llegar a El Masapez a echar una mano (qué oportunidad perdida de haber puesto “ha hechar”, ¿verdad?) a mi pariente Julio en aquello de pintar la discoteca. Me pasé toda la mañana sin fumar; después llegó el almuerzo (todas esas cosas que mi prima Nuria se trae del Olimpo de las cocinas) y nos fuimos a San Lorenzo, a buscar más pintura. Allí fue cuando, en lo que él compraba, yo me jinqué otro Krüger, a orillas del barranco, mirando aquel cementerio que se ha ido poblando después, conforme mi alma se ha ido deshabitando.

Ya era de noche bien cerrada cuando salí para mi casa y me eché el tercero, y enseguida tuve ganas del cuarto… ¡cigarro!, que ya estabas pensando usted sabrá el qué… En esto me quedo mirando para la caja del tabaco, el coche parado al borde de la Caldera de Pino Santo y… la arrojé al suelo. (Confieso públicamente el delito, pero no muy alto, que igual a mí sí se me cae el mundo encima, no es igual llamarse Pujol, Borbón o profesión político que ser este pringao, ya se sabe…)

No he vuelto a fumar más. Me costó dos meses mascando chicles de nicotina de cuatro miligramos; cuatro meses de dos miligramos; dos más de chicles de menta fuerte y una hora de fisioterapia poniendo la mandíbula en el sitio, tanto fue el sufrimiento que este no se ha vuelto a echar más un chicle a la boca.

Pero dejé de fumar. Hoy hace nueve años. ¿No querías efeméride?

Lecciones de Matemática Financiera.

matemáticafinancieraEl precio del petróleo baja; la economía gana; la gasolina sube; el consumo se anima; el paro baja; mi hermano no encuentra trabajo; la crisis está acabando; el sueldo no sube y cada vez me rinde menos.

Todo eso, igual a… A que todo sigue igual.

El Álgebra siempre ha sido lo mismo:

La suma de todas las partes es igual a cero.

Soy un todo algebraico.

Felicidades. O no.

Foto de perfilEn cada fecha señalada del año, y en estas más, proliferan los amargados que no desaprovechan cualquier medio a su alcance para denostar las fiestas que vivimos. A mí, como amante acérrimo que soy de las Navidades, me vienen estos pedantes, soberbios, arrogantes, a descalificarme, a tratar de insultarme, porque yo soy el culpable de cuanto desastre, catástrofe, injusticia o desgracia ocurra en el mundo, amén de tratarme de ignorante porque es sabido que sólo ellos disponen de la verdad, y mientras ellos son el culmen del saber, yo encarno todos los vicios y defectos que el ser humano pueda acumular. Uno será siempre idiota si no les obedece a ellos, si lo hace a otros; y si no tiene obediencia demostrada, si es libre, entonces le cae encima todo el fuego del Averno.

Pues ahí va la recomendación de este año, desde el cariño, para todos ellos: Escójase el dedo más largo de la mano que mejor se maneje; deslícese espalda abajo hasta hallar un agujero, donde debe procurarse el mayor enterramiento posible; llevado a efecto el ejercicio, llévese el susodicho dedo a la boca, y el sabor resultante vendrá a ser justamente el sitio al que por mí pueden irse desde ahora mismo.

Para los demás, felices Fiestas.