Ironías.

Foto de perfilLos héroes de la Mina de San José en Chile, treinta y tres machotes como ellos solos, han grabado un vídeo de apoyo a su selección que resulta un deleite para los oídos de quien tenga un concepto particular de lo que viene siendo ser bruto, salvaje y hortera.

En España, el partido político de moda es uno que propone llevarnos a la ruina, salir de Europa, convertirnos en una república soviética y refinar la polución del aire a base de ligeros cambios en su composición, básicamente cannábica en su nueva presentación.

El sábado por la mañana, entre los que van y los que la verán pasar, un tercio de la población de una isla que se dice moderna, dará trato de diosa a una estatua de madera, el necesitado le pedirá solución a sus problemas y el abastecido le dará gracias por las cosas buenas que tiene.

… y después me insultan porque soy irónico, escéptico y pesimista. ¡Ay, Wilde, Wilde…!

Uropedas.

Foto de perfilUna de mis amigas de Facebook y de la vida real me reprochaba, a cuento de las elecciones de ayer, mi habitual escepticismo que, según su modo de ver es negativismo. Puede ser, si a fin de cuentas mi no creencia proviene de la Filosofía, y de ella es lectura obligada Schopenhauer, para alguien que sólo sabe leer. Pero también se ha leído a Wilde, a Maquiavelo y a Lampedusa, y eso, entre otros muchos, resulta imposible esquivar cuando uno opina de la política de hoy en día, que ha de escribirse siempre con minúsculas.

Confieso ser equidistante con las opciones radicales que se presentan ante la Sociedad: ni asomo de anarquismo o comunismo, burdamente presentadas como opciones “democráticas”, y ni de lejos deseo que un teniente general se subleve con algún miembro incorrupto del santoral católico en mano. Soy de cultura europea, de tipo occidental, jamás me he considerado bereber, con todos mis respetos, ellos allá y yo acá. Y por esas razones, he votado, a mis ideas, no a la gente, que a estas alturas poca hay para poder confiar no en que sean buenas ahora, sino en lo que tardarán en corromperse.

Ha ganado la abstención, y por mayoría absoluta, lo que es en España igual al voto radical en esos países que son nuestra referencia. Aquí no se ha presentado un grupo subvencionado por Argelia o Moscú, por el chavismo o por lo más granado de los calzoncillos almidonados de castillos blasonados. Pero es igual. Tengo miedo. Miedo porque Europa ya no será esa Unión que muchos queremos; no han pasado doce horas y ya están los aspirantes al poder peleando como cerdos por unas bellotas cada vez menores. Y tengo miedo por los de aquí, que no pierden el empaque, como la señora rica en salir, chula ella, a decir que “el partido del Gobierno ha ganado las elecciones”. ¿Qué has ganado tú, muchacha? ¿Legitimidad para tus políticas? ¿Seguro?

En el Psoe sí ha habido consecuencias, pero serán de acomodación a sus peleas habituales. ¿Habrá futuro para la ilusión y para un proyecto claro que se deje de chuminadas de asadero? Eso es lo que hay que ver.

La Izquierda plural no se ha convertido en la alternativa esperada, y una de mis decepciones es no haber visto asumir responsabilidad alguna todavía; UPyD ha subido, pero no se termina de afianzar. Y lo de Podemos es sorpresivo, pero veremos hasta dónde llega eso y si no se convierten en nuestros Beppe Grillo particulares.

¡Ah!, que me olvidaba de que hay más partidos, sí. Alguno de mucho tambor y chácara, por ejemplo. Partidos sí, pero enteros no parece que quede alguno. Lo mejor de todo: no hemos tenido que soportar los mítines. Delicioso.

Por la parte de Proust…

books1Cada vez que termino uno de los tochos de Marcel Proust me planteo la utilidad que haya tenido leer toda esa prosa inmensa, densa, extraordinariamente delicada, erudita como pocas y referente a un joven amanerado, pedante y rico de la vieja sociedad francesa de principios de siglo XX que poco viene a contar en nuestros días, si no fuera porque entonces me doy cuenta de que acabo de componer toda una frase sin un punto en el medio, sin perder el resuello leyendo, y dándome la razón cada vez que pienso que no hay mayor hermosura en la vida ni cosa que más me guste ni mayor deleite y placer me produzca – incluso a un paleto y atoletado electricista como yo – que la Literatura.

A Pedro Domínguez: Te escribo por qué no te escribo.

barberíaA quienes nos conozcan, huelga decir a estas alturas cuál es la amistad y el aprecio sincero y leal que le profeso a los hijos de Maestro Pedro el barbero. A Cindo, que según la autoridad indiscutible de mi madre fue el primero que me peló; a Pedro, el otro componente de aquella barbería de tres sillones que la ladera se llevó. Incluso recuerdo ver alguna vez por allí a Antonio, muy a principios del pobre conocimiento que siempre he tenido, aunque nunca lo vi pelando. Es tan antigua esa amistad, que proviene de cuando Pedro tenía coleta, pero el tiempo, que se llevó los pelos, no ha podido llevarse tanta historia como hemos compartido, juntos o por el lado de cada cual. Porque Tamaraceite es eso: una historia que cada cual vive incluso en solitario, pero resulta una historia compartida siempre. Me pide Pedro que escriba, que cuente mis cosas, igual que otras veces se ha hecho, y cómo no contestarle.

Soy miembro de aquellas gentes de nuestro Pueblo, Pedro, tú lo sabes, y como tú, toda mi vida ha desarrollado esta doble vivencia de ese Pueblo y Teror, que aún hoy en día mantenemos. Pero en Tamaraceite siempre seré de “los de antes”, de aquellos que podían discutir cualquier cosa, que tenían cualquier opinión, pero una vez dicha, allí se quedaba. Hoy las cosas han cambiado de lado a lado, Pedro, y cada cual las entiende como le parece. Hoy se publica un artículo y puede que uno no sepa expresarse, que es la primera cosa a considerar; puede que haya gente que te alabe el gusto; puede que una gran parte permanezca indiferente. Y puede también que haya quien no esté de acuerdo, que ha resultado en todo tiempo la verdadera salud de la convivencia, siempre que se exprese en términos no hirientes. Y ahí está la madre de la baifa, amigo.

Se entiende hoy como “libertad de expresión” el derecho que cada cual tiene a decir lo que quiera, incluyendo insultos, desprecios y todo tipo de vejaciones, aprovechando la laxitud de las leyes y la manga ancha de lo entendido por el mal uso de ese derecho. Vivimos en una sociedad bien aleccionada en el uso de cualquier medio de comunicación para expresar de modo instantáneo cólera, crispación, frentismo, cuando no directamente odio, una sociedad que dispone de medios puntuales para aliviar su conciencia con pretendidos actos de solidaridad y procura todo el resto de su tiempo para el egoísmo y el hedonismo.

La gente como nosotros, Pedro, que tratamos de compartir lo que sabemos y buscamos lo que ignoramos, ya no tiene cabida en la mayor parte de esta sociedad. Somos pedantes, en el menor de los casos, y eso si no te da por echarle algo de humor a esta vida que (lo sabes muy bien) es ácida y amarga según se nace. No puedes, para la gran mayoría, decir algo tan simple como lo que piensas, porque al instante tienes el zarpazo hiriente de quien sólo sabe hacer daño. Y desgraciadamente, amparados en el anonimato las más de las veces. Voy por esas calles, llevo a mi madre a misa, compro en tiendas varias, acudo al centro de salud, y de aquellos que me miran, alguno pudo haber sido quien me insultó, estoy en desventaja: yo doy la cara, ellos se esconden en la protección del anonimato. Y mira en estos días cómo estamos sufriendo las consecuencias de esa protección: cómo ves a un pariente tuyo muerto en atentado terrorista vil, en asesinato común en otros casos, y el anonimato sirve para escarnio, mofa, insulto más cruel.

Hay quien ante esta situación continúa con lo suyo. Yo, no, qué le vamos a hacer. Cuando quiero hablar contigo, tengo la suerte de poderlo hacer. Y si quieres ver escritos míos, más graciosos o más ácidos, tengo mi blog, ahí está puesto también en esta página. Sólo que en mi blog, quien no se identifique no tiene cabida. Y menos quien insulte.

Espero, amigo Pedro, haber podido expresarme a tu gusto.

Y con mis saludos de siempre, Sergio, el de San José del Álamo.