El diploma.

El diplomaNo se vaya nadie a creer que yo siempre fui un muy mal estudiante. En la primera estapa de la E.G.B. Tuve un curso bueno, aquel de 4º de la clase H 10 y con tutora doña Miriam Odeh; vigilando el orden público Catalina. La clase sólo era de varones, y ellas andaban en la H 9 con don Fernando.

Aquel fue el curso en que apareció por allí unos meses el amigo, ahora redescubierto, Sergio Luzardo de la Hoz, quien anda por ahí diciendo que yo le quité la novia. Falso de toda falsedad. Yo no me comía una rosca ni de regalo, lo que pasaba era que cualquier chiquilla que se acercara a menos de metro y medio, más bien por accidente, pegaba a reírse, a reírse… hasta que llegaba Manolito y me ajuliaba para evitar males mayores. Pero el hombrillo, celoso como un gallo de pelea, se montó en el fotingo del padre un día y se largó pa Las Perreras; nadie lo vio más hasta principios de este año.

Había en el patio, antes de entrar, una tal Señorita Julia, una mujer y tres cuartas, muy obsequiosa ella, que si no te escuchaba cantando te templaba las cuerdas vocales a base de lambriazos escardados que te hacían cantar más que fueran folías. Yo venía del patio de abajo y allí no se cantaba. Pero arriba se cantaban unas canciones edificantes y que deben tener en cuenta los añorantes de aquellos años. Al final les pongo la letra, y pobre de ti si no cantabas. Había otras: Cara al sol, Vamos a contar mentiras… pero algunas sólo eran de veces.

Sin embargo, tan bien me porté que la tan exigente como era doña Miriam me concedió el segundo diploma del curso. (Hagan click en la imagen y saldrá completa) El primero se lo llevó un tal Óscar Miranda Santana, de allí mismo, de Los Grupos. Y en la fecha reseñada en la foto, 30 de junio de 1975, don Juan Clemente me hizo entrega del papelito. Recuerdo aquel acto, que sirvió para el reencuentro con mis antiguos amigos de El Toscón, que al año siguiente ya vendrían al Adán; se representó “Jesucristo Superstar” y después de una serie de discursos se entregaron los diplomas. Yo estaba horrorizado. Nunca me ha gustado ser foco de atención en un acto público y allí no tuve más remedio que subir al escenario, y encima recibir el diploma ¡con un beso!, yo que me esperaba un saludo, raspado con aquella barba de don Juan. Salí del escenario tendido, no saludé a nadie más y me volví a mi sitio, con la consiguiente bronca de mi madre, que duró varios días.

Ahí va la letra, al menos en parte, de aquella canción que me aprendí gracias a las virtudes del magisterio de la Señorita Julia:

Se van los de la oje, se van se van

¡se van, se van! (Bis)

Se van al frente donde peleaban

y era una morena la que los miraba. (Bis)

Retírate, morena, retírate,

¡retírate! (Bis)

Porque a la guerra se va a pelear

se come muy mal

se duerme en la tierra. (Bis)

Lo dicho… Después se quejan de que uno fuera pelión…

El concepto de España, para algunos.

escudo-espanya-monocromoEl concepto que tienen los españoles de España es, con diferencia, el más aberrante de cuantos haya en Europa occidental, sólo superado por la ficticia Yugoslavia, que aun sirviendo de ejemplo para no repetir es el objetivo final que empecinadamente repiten los españoles hasta que puedan hacer lo que cíclicamente están condenados a repetir: matarse.

España fue un imperio, puede que el mayor de todos los tiempos bajo Felipe II, cuando unió Portugal a su trono. Cometió toda serie de tropelías, mató la hasta entonces mayor cantidad de personas de todos los tiempos, y con total seguridad, el catolicismo le debe su actual existencia.

Pero después de España han venido otros imperios, siempre peores: Francia, Inglaterra, la configuración de Estados Unidos, China de Mao, Japón…

De dictadores, nada tenemos que enseñar con nuestro general Franco a la Italia de Mussolini; la Alemania de Von Bismarck o de Hitler; la Rusia de todos aquellos productos del 17; Mao, Fidel Castro, Pinochet, Macías, todos los asesinos de Hispanoamérica, que en algunos casos ahora quieren quitarse su pasado de encima para ir a culpar a España de sus males…

Nadie parece sentirse orgulloso de España cuando mira su pasado, ése es un facha, un fascista, un radical a exterminar. España sólo parece tener sentido si la convertimos en una base en Derecho, una que permita su desintegración: la República, no para vivir en ella, sino usarla para que se vuelva a los tiempos de la Reconquista. Moros, ya tenemos a punta pala, sólo falta saber dónde se ubicarían. Nadie parece querer estar gobernado por la Sharia en los terrenos que le pertenecieron a Almanzor; Granada no está por la labor de constituirse otra vez en Reino Nazarí…

Los catalanes pueden alegar que ellos son descendientes de aquellos condes en que se fraccionó la Marca Hispánica de Carlomagno, y que sólo se unieron a la coalición cristiana contra el moro; los vascos ya se saben que reivindican su pasado glorioso en las montañas y nunca se mezclaron con nadie hasta que llegó el Reino de Navarra de los Ordóñez, pero ahora esto es al revés y se quieren imponer ellos a los navarricos.

Los astures, leoneses y gallegos no son quienes a partir de García González fundaron la Castilla independiente. Lo que pasó después no es cosa suya. Y los aragoneses con lo suyo. Y los valencianos, andaluces, baleares, murcianos, extremeños…

Quedamos nosotros, europeos de acento sudamericano, cruzados de todas las razas, que desde los años setenta queremos ser bereberes de toda la vida. Nosotros fuimos los conquistados, no somos españoles, somos africanos, colonia sometida a España. Abominamos de Cairasco y de Pancho Guerra; citamos a Cho Juáa porque Eduardo era un Millares comunista. Aquí lo que se lleva ahora es lo amazigh, el ulular de lenguas y gritos, el insulto a lo europeo, el abrazarse a la farola comunista, adorar a tipos como Chávez. Deberían estar en Caracas una semanita, a ver si vuelven… vivos, para acá.

Yo propongo volver al periodo del Australopitecus. Tendríamos el cerebro infinitamente más chico, pero lo usaríamos para lo mismo.

La falsa patria francesa.

lafranceSiempre que nos peleamos los progretas y yo, dejamos alguna coincidencia y las divergencias habituales aparte y nos tiramos a la cara el mismo trasto: Francia.

Coincidimos en ser republicanos y no aceptar gobiernos emanados más allá de urnas electorales y libres.

Nos separan muchas cosas: mi absoluto rechazo al nacionalismo; el origen distinto del marxismo que tanto amamos y que tan incompatible es, ellos el de Karl, yo el de Groucho. Soy agnóstico en lo religioso; escéptico en lo político; ecléctico en lo literario. Lo llevamos bien hasta que llegamos a la costa francesa. Entonces empieza el lío.

Sí, es verdad que ha producido grandes ideas filosóficas; numerosos avances científicos; qué decir de dulces y colonias, de telas y pinturas de todo tipo.

Pero esa patria de la liberté, de la humanité y todo eso, no me entra ni con grasa.

Lo único que en ese sentido ha producido la patria de esos niñatos mimosos es muerte: en su Revolución (que ellos fueron los primeros en incumplir); en su colonialismo (España tiene la fama, pero ellos han matado gente como para repoblar el planeta)…

Nunca he podido entender a qué viene tanta adoración de la II República Española por ese lugar, que dejó tirados a los refugiados en cuanto ellos, cobardes que son, se rindieron a Hitler en mayoría aplastante, por mucho que el cine y la Literatura hayan intentado soslayar o disimular aquello. De su solidaridad hay que preguntarle a los pobres camioneros españoles; o por qué no recordar a un cerdo repugnante como Valerie Giscar Destén (ya sé que no se escribe así, que se joda). Si acaso, pudo haber sido un paraíso para los pajilleros de los años sesenta.

Y ahora mira: cómo han protestado contra el matrimonio homosexual, esa France de la liberté, y qué decir ahora de racismo y xenofobia. Están las calles llenas de manifestaciones contra las decisiones ayer de la derecha y hoy de la izquierda.

Porque esto no es socialismo. Esto es Francia. El país de los violentos, asesinos y racistas disfrazados de egalité y fraternité. Sí, hombre…