Gracias por todo.

Foto de perfilTengo que dar las gracias a la gente de mi casa, porque me han confirmado que las ideas que tuve fundando este hogar fueron las correctas en su momento y poco a poco van dando sus frutos. Un hogar basado en los ideales y filosofía cristianos, a nivel de valores, que aquello de religamentos, dogmas y jaculatorias son otra cosa, envueltos en alienaciones y alineaciones de las que soy libre.

Siempre suelo decir que mi familia es como un abanico. Cuando la vida funciona, cada cual la apunta en la dirección que quiere, pero cuando cuando se fastidia uno de los palos, se cierra en una sola dirección. Esta vez me ha tocado a mí, y en medio de mi desazón todos se han apresurado a decir que este es el fruto de haber sembrado. No sabía yo que tuviera tan grandes méritos, pero me he sentido acompañado, animado, y en gran parte dispuesto a seguir viviendo con esperanza gracias a todos ellos.

Mis vecinos me han aturullado, ciertamente. Mis problemas me han impedido muchas veces comparecer en actos locales, no he podido hablar con mucha gente, detenerme con nadie, sin tiempo para convivir, y la respuesta me ha dejado perplejo. Verdad es que siempre que puedo, cuando ha tocado en otro lado, allí he procurado estar, siquiera un instante para saludar, pero ahora es cuando uno se da cuenta de que no vive solo, y se hace necesario un inmediato propósito de enmienda.

Y aún más, esta vez debo dirigirme a esa gente que está ahí detrás de la pantalla, ya sea de un móvil, de una tableta, de un ordenador, qué más da… Esos mensajes me han llegado de una manera que yo no podía sospechar, pero son efectivos, y me han puesto en la agradable tesitura de no poder contestar a uno por uno y expresar mi agradecimiento en este mensaje general.

Cara y cruz.

Foto de perfilConfieso sentir sana envidia por esas personas que siempre le están dando gracias a la vida y cuando suceden momentos malos los saben aceptar por sí o en nombre de creencias que mi escepticismo me impide aceptar. A la misma vez, me resulta inaceptable amargar la vida de quienes están a mi lado, que además de soportar mi zozobra, han de soportarme a mí. En esa difícil tesitura me encuentro desde el pasado 25 de julio, día de otras resonancias, de otras historias que no volverán. Como tampoco volverán las penas que uno ha pasado, y en la sabia elección del momento que me toca vivir reside la manera de encarar la vida.

Pero es jodido, mucho. La ansiedad me puede, por más que mirando alrededor encuentre en mis propios aledaños a quienes se conformaran para su felicidad con mi sufrimiento de ahora. Pareciera que de repente me hubiera caído una losa y hasta me cuesta levantar la vista, cuánto más compartir alguna brizna de alegría. La crispación, el desaliento, la extrema dificultad que siempre se tiene para aceptar estos linderos de la vida, por muy bien entrenado que uno se halle, me hacen caer en la cruz vital, en la maldición a la existencia, en la estupidez del vivir, total para morir.

Sin embargo, uno se curte con la experiencia, y en mi caso sería de agradecer, para empezar, el que haya sido tan tarde cuando me vea en este paradero. El saber agradecer. El aprecio y puesta en valor de cosas, detalles, hasta ahora menospreciados. El hacer de tripas corazón, que yo de corazón ahora es que me entero de muchas cosas, pero de tripa estoy sobrado, ya se ve…

En medio de este temporal que no amaina ni da tregua, esperando cualquier jasío para tomar aire y seguir en la brega, ahí se queda tanta gente que uno tenía en aprecio y se ha rajado como vulgar caña barranquera; ahí están quienes se limitan al trámite y a otra cosa; quienes demandaron favores otorgados y ahora hacen mutis por el foro. Pero también están quienes han dado solidez a este empeño; quienes han estado y sabido estar; quienes se han comportado para mejoría de mi comportamiento. A todos ellos, por la enseñanza obtenida: Gracias.