Las dos clases de subnormales.

deg_lumbCuando acabas de salir de la Unidad del Raquis, y el neurocirujano te ha dado la noticia que sabes, pero maldita la gracia que te hace; cuando estás hecho polvo y te planteas incluso la utilidad de tu vida; SIEMPRE te aparecen las dos presentaciones de los subnormales:

El subnormal básico, que te dice que eso no es ná, que lo que es jodío es lo que él tiene, que tú no eres más que un llorón y él sí  lo está pasando mal.

El subnormal superior, es lo mismo que el anterior, pero con el añadido de que a él le dijeron lo mismo, y si se hubiera dejado llevar por los médicos, ahora estaría arrastrándose por el suelo. Menos mal que siempre aparece un zahorí, un fakir, un gurú, un experto de cualquier clase, casualmente africano, indio, sudamericano, que le ha dicho la verdad y lo tiene como un pito.

Aparte de lo que te joden estas opiniones que tú no habías preguntado, que no necesitas y nada te aportan, vas después y los ves jodiendo la pavana en el centro de salud, ocupando al médico para que le recete paracetamol por un simple resfriado…

Protesta inútil.

toyota-yaris_1178213901El amigo José Luis Yánez me invita a que proteste. No sólo, aunque ahora esté de moda, de protestar contra el Gobierno vive – es un decir- el hombre, sino de todo aquello que le resulte injusto, así que allá va la protesta mía de hoy.

Resulta que me compro un coche hace cosa de año y medio, un cochillo chico, que tuviera referencias y que me sirviera a los propósitos humildes con que me gastaba las perras. Al final, la opción ganadora fue la de un Toyota Yaris de gasolina por cuestiones, además, de que tuviera la menor cantidad de tecnología posible, y de que siendo una marca con varias representaciones, se pudiera uno mudar de una para otra. Y menos mal.

El cocherito leré me vino costando tres mil euros más que los iguales de otras marcas que miré: Renault Clio; Peugeot 205; Opel Corsa; Mazda2; Honda Jazz, unas por exceso de tecnología, otras de precio, me quedé con este. Yo era reacio a comprar coches franceses, ya se sabe lo que el dueño de Good Year ha esgrimido esta semana para no poner una planta de producción en Francia: los franceses trabajan tres horas y paran otra para comer.

Cuando me fui a comprar el coche, quise hacerlo en la casa que hay en Arinaga, que allí está el amigo Manolo de jefe de taller y me pareció confiable. Pero mi costilla se emperretó en que no, de ninguna manera; no tuve más remedio que comprarlo en Arucas, y una vez allí, andando, andando, me enchufó aquel vendedor uno de seis marchas y un sistema de arrancar y parar solo que es una verdadera … digamos… molestia.

Visto que en Llano Roque, cuando hay atracción eclesial, quienes vivimos en la plaza lo tenemos que pagar, nos dimos cuenta un día que si arrancas el coche sólo un momento, como para ponerlo bien una vez se ha despejado la calle, y lo paras enseguida, cuando lo vuelves a poner en marcha, pasadas unas horas, no arranca, se queda como si no tuviera batería. Te cuesta la de Dios es Cristo que arranque, y una vez visto y comprobado varias veces, se lo llevamos a la casa, en Arucas.

En una primera visita, el mecánico no vio nada raro (ya estaba caliente, así no lo hacía nunca) y le echó la culpa a la gasolina, al aire de Arbejales y a la fúlgida luna del mes de enero. Me revienta tener que estar yendo al taller, y más cuando es eso de que te tienes que explicar, ya sabes cómo hablo yo, de manera que al instante, si es una exigencia de garantía, ya está todo el mundo peleando conmigo. Tuvo que ser en una segunda visita que aquel hombre se dignó enchufarle el ordenador y aquello cantó mejor que Dacio Ferrera: código no sé cuántos, error en el arranque: 18 horas de trabajo y medio motor nuevo. La causa no se me dijo, encima esa, puesto que si yo soy el dueño, tengo derecho a saber qué tiene mi coche, pero escudados en que es un fallo de fábrica, tuve que ponerme como yo me pongo de suave para que me la dijeran: al motor le habían puesto piezas que eran de otro motor. Ahí va eso. En un Toyota, o tempora o mores, si ya decía yo de los gabachos…

Cuando el motor se abre por la mitad, acabado de comprar, y si tienes perras, tíralo. Pero si eres un pringao, como yo, jódete. Lo tuvieron dos semanas, y cuando lo entregaron dijeron que es que se habían cargado el radiador y hubo que esperar a que viniera otro de Bruselas y por eso estuvo una semana de más. Le dejaron un empate en la manguera que no se lo salta Isidro el latonero, le cambiaron la valvulina y poner los cambios por la mañana era un suplicio hasta que calentara el motor, además del volante virado para la derecha. A mí. ¡A mí, virando a la derecha!

Cuando fui a que me cambiaran la valvulina, que era un incordio, y el volante donde tiene que ir, que yo soy de centro de toda la vida, todo fueron sonrisas y amabilidades… pero 30 euros, caballero. Yo les recordé, suavemente, que aquello no era culpa mía, pero nanay. No sin guerra. Abandoné. Y aboné. Pagué los euros y salí de allí recordando que de ahora en adelante, mi coche irá de donde tuvo que salir: del taller de Manué, diga lo que diga, y mira que dice, mi señora. Bien lo dice el refrán: Mujeres y motores… Y encima, el volante ahora vira para el centro izquierda.

Miguel Bosé en La Milagrosa.

Miguel BosseLos progretas de salón en España no se cansan de contar su historia de manera que tú creas que así fue la Historia. Uno de sus miembros, la Unión de Actores, publica por cuanto medio tenga, todos los documentales adoctrinantes que sirvan a la causa, con varios mensajes permanentes, cosa que quienes tuvimos la suerte de conocer la realidad en los mágicos Años Setenta sabemos que son, o bien falsos o bien adulterados, o un  ejercicio de cinismo.

A estas alturas, poco importa ya cualquier demostración, pero a veces se traspasan fronteras intocables, como cuando al ver el documental de presentación de la serie de TVE Cuéntame de este año, casi me caigo para atrás: Con un descaro intolerable, además de hacer un panegírico más acerca de aquella tendencia ridícula y hortera que fue La Movida, que tiene como único valor ser la cuna de los artistas paniaguados del PSOE, de nuevo se nos trata de inculcar que la génesis de lo moderno, lo cultural y lo auténtico fueron ellos. Nada nuevo. Pero en esto que sale, como uno de ellos, Miguelito Bosé.

Teniendo mucho cuidado de poner algo que se pudiera llevar a la pantalla, ponen ¡en 1981!, la canción Super Superman, que era de 1978, porque lo que hacía aquel niñato pijo en 1980 eran unos bailecitos enfundados en una malla rosa, moviendo el culito hacia la pantalla y jugueteando con una calculada ambigüedad sexual que le reportó un dineral. Sus éxitos más clamorosos aquel año fueron Morir de amor y Don Diablo, verdaderas obras de arte indispensables en las listas de ventas de entonces, y que la progresía calla oportunamente.

Si sabré yo la verdad, que en el escala en Hi-Fi de La Milagrosa de 1980, principios de julio, escenario en la pared de Juan Luis, salió Roque el de Luz haciendo el mejor papel de su vida. Yo llegué aquella tarde a echar una mano preparando cosas, pero recuerdo que hasta última hora hubo que estar presionando para que el bueno de Roque no se arrepintiera. Enfundado con una camiseta básica de color azul y unos leotardos blancos que le prestó su hermana Teresa, porque de color rosa se negó de manera absoluta, Roque salió en compañía de un coro a gimotear aquello de te acaba en un pispás, já y hacer un meneo de culo que ha resultado inigualado en más de treinta años después.

Aquella noche, Roque pasó a la Historia porque cuando se le cayó a Araceli una parte del escenario encima, él asomó con un enorme martillo de orejas en la mano, mientras la hermosa morena aguantó estoicamente el tipo y bordeó su actuación después.

Nadie recordó más su sensacional imitación de Miguelito Bohssssé, entre otras cosas porque cuando alguno se lo decíamos era para picarle uno de aquellos emputes que a pique estuvo de provocar una tragedia. Bosé quedó enterrado en La Milagrosa para siempre y no es de recibo rehabilitarlo ahora. Que se pica Roque y la liamos parda.

Yo fui del Adán del Castillo.

adan del castillo5Si yo tuviera que escribir un texto como antiguo alumno del Adán del Castillo, posiblemente sería este y seguramente no lo leería en persona, ni me encontraría entre los asistentes en el momento de su lectura, pero quedaría expresado lo que al final ha sido el efecto que aquel Colegio significó en mi vida.

Fue durante la década de los Setenta, que para mayor fastidio, ahora hay que poner del pasado siglo, que yo estuve en aquel colegio, entre noviembre de 1973 y junio de 1979. Fueron los años del cambio total en España en general y en toda nuestra sociedad en particular; los años de la aplicación de la última Ley de Educación franquista, a la postre la que con pocos retoques, muerto el dictador, iba a ser la mejor que hayamos conocido; los años del final de mi infancia, de mi niñez y del comienzo de mi adolescencia. Los años de la transformación de Tamaraceite desde un Pueblo hasta un peligroso arrabal capitalino; los años en que el colegio era conocido como Nacional y por el nombre y apellidos de su inspirador; años del final de los céntimos de peseta…

Por mi parte, acudí al Adán del Castillo con lo que tenía puesto: un chiquillo difícil, agorafóbico, capaz de ofrecer bueno y malo a la vez; con todos los detalles negativos y positivos que pudieran darse. Obtuve cumplida respuesta a las enseñanzas que se impartían allí, del tipo académico y personal. Vivo representante de la realidad que lo circundaba, el colegio fue testigo del paso del tiempo; blanco, vallado, con árboles, con un terrero, con jardines, pasó a convertirse en un fortín, amarillo, sin árboles, escondido de sus alrededores en lugar del orgulloso escaparate de niños uniformados de azul y blanco, de todas las procedencias sociales, de todos los caracteres, de todos los pensamientos.

En aquellos años, y después en los Ochenta, sirviendo de base para los estudios de Radio Ecca, de donde aprendí dos cosas más, el Adán del Castillo me fue impartiendo su lección. Lección de una base académica sólida, fundamental, que hoy sólo se atisba en algunos, que no todos, los colegios privados y que allí era marca de la casa; lección social, con expresión de cuanto paisanaje hubiera en sus alrededores; lección profesional, por cuanto de la dedicación, buena o mala, hubiera de expresarse, allí hubo quien la representara; lección sentimental, en fin, porque no puede dejar de hablarse del Adán del Castillo sin que alguna fibra se toque.

Cuando salí de allí, me iba convencido de mi última y traumática experiencia, aquella que me habría de marcar para siempre; aquella que me hizo esconderme en el tiempo y no volver; aquella según la cual yo sólo fui un fracasado. Andando los años, dando vueltas y vaivenes, he ido a dar otra vez con el colegio. Ahora se llama simplemente El Adán. Ahora veo que no dispongo de pomposos títulos; que las chiquilladas, chiquilladas son; que cada cual ha seguido su rumbo; y que al fin y al cabo no me ha ido muy mal: tengo unas sólidas convicciones sociales, puedo retar a cualquier licenciado a que escriba como yo, a que lea como yo, a que se interese por cosas como las que me interesen a mí. Puedo pasar como el mejor educado, como quien mejor se comporta.

En la calle del olvido se pierden malos ratos, peleas, miserias, mala gente, ruindad.

En la Avenida de la Vida figura, con nombre propio, un Colegio.

Y del colegio, la lección, aprendida, de saber que yo fui un alumno del Adán del Castillo.

El Papa y yo.

S.S. Pio VII Tiara de CartonLa renuncia de Josef Ratzinger ha desatado las habituales tres reacciones mediáticas que se suelen dar en el mundo moderno: Una, la de quienes le tienen por su autoridad religiosa, sumisa; otra, la que ve un negocio en el ceremonial del cónclave, cínica a más no poder; la tercera, la que va de progretilla, que nos vuelve locos con las cruzadas, la Inquisición, la pasividad de Pío XII ante Hitler y ahora, como novedad, la culpa de los cambiazos de niños al nacer, no se diga que nos repetimos en el discurso y carecemos de modernidad.

En particular, me ha llamado la atención el colmo de elogios que ahora mismo le dispensan quienes hasta media hora antes lo trataban como a un lobo de colmillo retorcido y a un retrógrado, carpetovetónico y reaccionario, además de inquisidor. Nada nuevo, no hay quien lea una columna más allá del título, ya sabes qué van a decir.

¿Y a mí? ¿Qué me importa a mí el Papa?

Si yo fuera ateo, nada.

Si yo fuera filósofo, nada.

Si yo fuera cristiano de base, nada.

Si yo fuera cristiano paulino, nada.

Es decir, no comprendo a qué viene el escándalo con que se toman lo no creyentes las cosas que dice un papa.

En el segundo caso, pues la del papa sería una palabra más a cuestionar, otro punto de vista de la razón.

En el tercero, no creería en la resurrección de Jesucristo, me limitaría a observar la filosofía que hay en su predicación.

Y en el cuarto, aceptando directamente los dogmas católicos, tampoco, puesto que detrás de uno viene otro.

Total… aquí lo único que no importa, si vamos a ver, soy yo. Sea quien sea el Papa de Roma.

Un pobre republicano.

unamunoUn conocido mío de Teror y de derechas, lo cual es una redundancia, me felicitó esta semana porque, según él, los míos ya están poniendo bombas en las catedrales y va faltando menos para que tomemos el poder. Manda huevos. Me puse como un becerro, lo cual es otra redundancia, para reprocharle a este marujo de esquina, autor de mensajitos anónimos a medios de comunicación con nombretes siempre distintos y desde direcciones de correo falsas, que también para él, como para el resto de su manada, la República sea sinónimo de simpatía por el Frente Popular de desgraciado recuerdo, parte contendiente de la peor guerra de la historia de España, motivo permanente de horizonte en el pasado.

Lo peor no es que la mayor parte de la población española identifique República con anarquía y revolución; ni que se me confunda con esa mala digestión mental con resultado de vómito de las ideas que es el comunismo: lo peor es que noventa y nueve de cada cien elementos que se dicen republicanos en España se alinean con esas ideas. Ni siquiera saben quién fue, históricamente es, Claudio Sánchez Albornoz, por poner un ejemplo.

Tuve que decirle que yo no justifico bomba alguna; que la República es una forma de estado, y que dentro de él yo seré de izquierdas o derechas; que ni loco me parece bien quemar iglesias, asesinar curas, matar a nadie. El pasmo de este individuo no amainaba cuando le decía que soy español, que me gustan los pasodobles y los villancicos, que de ninguna manera me siento africano, ni bereber, ni musulmán, ni se me pasa por la cabeza vitorear dictaduras como la de Cuba o China; que mi personaje más odiado sea Stalin; no pudo entender que simpatizara con Juan Negrín López; que considere la II República un fracaso culpable de la guerra posterior, sin excusas; que aquélla no fue un enfrentamiento de malos contra buenos, que fueron todos iguales, de malos y de buenos.

Se burlaba de mí, diciendo que en mi República habría tantos sinvergüenzas como los que hay ahora, mientras yo trataba de explicarle que ladrones hay en todas partes, pero se trata de que paguen su delito, no sean tomados como héroes para algunos y devuelvan lo robado. Dado que dispone de cierta cultura, le expuse la similitud entre la Restauración y la Transición, sólo diferenciada en el tiempo. Decía aquel que qué más da tener que pagarle a un presidente republicano que a un rey; yo decía que no, que el problema es la impunidad del sistema, porque aquí son todos iguales, gatos de diferente color, pero gatos, que pugnan por matarnos a nosotros, los ratones que elegimos a ver quién nos matará después, amparados ellos en torno a la figura del Intocable, que es quien los protege; que si tuviéramos República nadie sería intocable.

Pero no hay manera. Aquella escena goyesca de españoles matándose a palos sigue siendo vigente. Mi amigo enarbola su odio contra el otro, participa de un sistema leonino y caciquil en su municipio, en su región, en su estado. El es normal, uno más; yo soy el distinto, el raro, con mis ideas de libertad, de respeto, solidaridad, paz… tengo que andar a escondidas por todas partes si no quiero ser objeto de burla, acusación, venganza y odio. Todo ello, claro, en nombre de la Democracia. Faltaría más.

Animalitus Terorense.

 animalitoExtraña mutación de los apellidos Naranjo, García, Hernández y Boza, con alguna influencia de Herrera, Cárdenes y Guerra, de cuyos componentes no se ha podido detectar indicio alguno en el origen de semejante especímen, por lo que según los estudios de la Ciencia debe aceptarse como excepción anómala en la evolución humana.

Oriundo de los solares de aquellos apellidos, que discurren entre Valleseco y Tamaraceite, circulan por los cauces de La Caldera de Pino Santo, Teror y La Milagrosa, habita actualmente en las zonas altas de la Villa Mariana. Entre sus hábitos alimenticios destacan el gofio de San Isidro, la totalidad de productos Eidetesa, pan de Miguel y chorizo de Los Nueces. Su época de celo se sitúa entre San Juan y San Pedro de los años bisiestos.

De aspecto fiero, resulta huidizo y manso, no es peligroso, salvo que se le nombren para mal los libros, belenes, pasodobles, villancicos o la República. Las autoridades sanitarias advierten que en su presencia no se debe sentir nadie inseguro; no resulta de valor alguno ni para el erario público ni para la Ciencia, y recomiendan enérgicamente dejarlo tranquilo y esperar su extinción.