Algunos libros en 2012.

books1Este ha sido el año en que leído, por fin, “Guerra y paz”, de Tolstoi. Y el año en que he completado, para atrás y llegando al principio, el círculo anti progreta que había iniciado con aquellas dos de Juancho: “Los dioses de sí mismos” y “Los años que fuimos Marilyn”. Me faltaba “Últimas tardes con Teresa”, de Marsé, y esta vez ha caído. Ya casi a última hora ha llegado Orwell y su “1984”. Siempre hablamos de esas novelas, pero no las hemos leído, muchas veces. Pues ahí quedan.

También, lo confieso, ha sido la vez en que he leído verdaderas porquerías que han tenido un éxito descomunal, como aquella trilogía de Steig Larsson: “Millenium”, además de haberme negado en redondo a repetir con autores que no me volverán a animar jamás. Ni Ken Follet, ni Dan Brown ni ninguno de esos volverán a tener en mis manos un libro suyo. Y qué decir de algunos apadrinados nacionales que con sus insulsas tonterías han llenado de mil páginas cada uno de sus tochos insoportables. En mi descargo, del tal “Millenium” digo que sólo leí el primero de los tres volúmenes.

Por estos lares, los nuestros han vuelto a escribir algo. Alexis Ravelo ha vuelto a poner a trabajar a Eladio Monroy; Emilio González Déniz sacó sus “Conversaciones” más en negro que en blanco, y hasta Pepe Correa fue blanco del búnker del catolicismo más inmóvil. Y más que se ha hecho, que se me queda para cuando toque.

“El abuelo” galdosiano sigue a medias en mi humilde biblioteca y he sacado de la municipal hasta tres veces sin poder pasar de las primeras páginas “Johnnie cogió su fusil”. Uno no puede con todo.

Feliz año 2013. Que, al menos en lo literario, sea un cuento con final feliz.

Porque en la vida real…

Don Pedro Gil en el recuerdo: La memoria de un buen ejemplo.

don pedroSiempre que llega este momento del año se suele hacer una invocación a la memoria de quienes a lo largo de los últimos doce meses nos han ido dejando. Este ha sido un año particularmente pródigo en esos abandonos, al menos para los niños de mi generación. Se nos ha ido Miliki, y poco más tengo que añadir a una figura como la suya; se nos fue José Luis Uribarri, aquel, entre otras cosas, autor de “Aplauso”, el musical con el nos fuimos desplazando de horario en las tardes de los sábados; Juan Carlos Calderón, presente en el sonido setentero; Tony Leblanc, origen de tantas nostalgias… Habrá más, sin duda, que ahora mismo me dejo en el tintero de las prisas y el resumen.

Pero hay ausencias de personas que sin ser mediáticas sí deben ser recogidas por quienes nos hemos beneficiado alguna vez de su presencia, es de justicia. Han aportado su saber, su experiencia, su parecer, su comportamiento a nuestras vidas; han sumando, nos han ayudado a crecer en lo personal, a tener un fundamento al que acudir en la tribulación y en la afirmación, por qué no, de las ideas que tenemos.

Tengo la fortuna de haber contado alguna vez con el ejemplo, con el trato y en algunos casos hasta la tutela moral de don Pedro. Pedro Gil, ese permanente rostro del Adán del Castillo tantos años, que fue cambiando y adaptándose al tiempo que le tocó vivir desde su maravilloso entendimiento del magisterio más elemental, que para mí, para nosotros, siempre fue, siempre será “Don Pedro”, simplemente y nada menos.

Don Pedro era, en mis tiempos, el secretario del colegio. Era el que ponía temple en medio de aquellos años de contrastes exacerbados, de vehemencias, de exageraciones. Su figura era siempre balsámica, bienvenida, su recuerdo permanece en nuestras memorias: sus andares cojos, su voz gangosa, su sonrisa, su autoridad nunca puesta jamás en cuestión hasta por el más gamberro de los alumnos. Ejemplo de comportamiento, de saber estar, fue quien supo poner en su sitio también a quien no supo ser maestro.

Hoy les dejo con una anécdota de aquellos tiempos, una particular, que evidencia aquellos modos sutiles del cómo una persona se gana el respeto y la consideración general, a modo de homenaje personal en la evocación de su figura:

El jefe de estudios, enfundado en su bata blanca, daba gritos paramilitares a las filas de alumnos, revisaba meticulosamente la urbanidad y llevaba la uniformidad al paroxismo. Día de lluvia repentina, de frío de diciembre, en el patio de arriba, a media mañana, descubre que el anorak reversible de mi hermano, cuando se usa al revés como azul, enseña la costura de color rojo. ¡Inadmisible! Ni corto ni perezoso, puso a mi hermano en la calle. Ni doña Paca, su maestra, pudo retener aquella incontenible fuerza ciclónica de la uniformidad.

Y allá va don Pedro a la V11, a avisarme de lo que pasa, con su vocablo amable y enrollado, para que yo fuera a interceder por mi hermano, quieto en la calle, bajo la lluvia, llorando, sus gafas de estrabismo mojadas. Lo hice entrar, me enfrenté al otro, peleé como un puntal y conseguí que imperara el sentido común. Pero el ganador de aquella pelea se había alejado por los pasillos, cojeando y sonriendo, sin llamar la atención.

Exactamente igual que la noticia de su marcha, don Pedro. Así está usted en mi memoria, sonriendo y sin llamar la atención. Pero ganándome todas las batallas, porque usted nunca peleó, pero siempre ganó.

Un año más, mormío.

PATRONATO DE TURISMO DE GRAN CANARIACada vez que llega Diciembre te hago pública renovación de mi amor eterno. Repito las mismas frases, el mismo ritual hoy que entonces, hace ya tantos años, ¿te acuerdas?

“En la salud y en la enfermedad; en las alegrías y en las penas; en la pobreza y en la riqueza, yo, Sergio, te tomo a ti en compañía y juro amarte y respetarte todos los días de mi vida”.

Y un año más que se termina y que fortalece nuestro amor hasta hacerlo invencible. Nunca te pondré los cuernos, por más dulces que se pongan a mi alcance, nunca los cambiaré por ti. Por más deseables que sean los convites, siempre tendré un rincón de mí para ti.

Feliz Navidad y próspero año nuevo, mi amor. ¡Ay, gofio de millo!

Siempre seré tuyo.

Directos a la gilipollez.

Mi asombro no conoce límites esta tarde cuando empieza el Telediario de las ocho:

Según un estudio realizado por la Universidad de Córdoba, es completamente falso que los peces de río beban agua, con lo que se elimina el argumento del famoso villancico, que tampoco es verdad.

Hombre, esa noticia me hace daño por tres razones: Una, de carácter estrictamente personal, porque ese es el primer villancico que recuerdo, y hasta eso me quieren quitar los progretas. Dos, porque dedicar recursos universitarios con un fin tan ridículo me parece impresentable. El tercero es que ya no sabe uno qué fin concreto tiene mantener, al precio que nos cuesta, una televisión pública.

Pero al paso que vamos, desmitificando hasta la inocencia, llevaré sombrilla la próxima vez que vaya a La Cumbre. No sea que esté el cielo despejado y la sombra del Nublo también sea mentira.

Cada loco con su tema.

Hay quien desea tener un mes de vacaciones en un apartamento. Hay quien se vuelve loco por viajar. Están los que no saben qué hacer si no hay un televisor cerca, si no hay fútbol. Cada uno tiene su afán. A mí, muchas de las cosas citadas (yo diría todas ellas) no me gustan.

Soy más aburrido que una tosca en la marea. Pero esto que les enseño es, además de leer, mi motivo para llegar a Diciembre, cada año. Hago todo lo que puedo, que cada vez es menos, para tener un rincón de mi casa así.

Mirándolo me paso ratos enteros. Y cada loco con su tema. Aunque mi tema sea estar medio loco.