Debate y escoria.

Prueba1Hace tiempo estuve colaborando en el blog de un amigo durante más de dos años escribiendo mis cosas, veces dulces, veces ácidas, a mi manera, sin una periodicidad establecida pero de modo regular. Aquellos penosos remedos de artículo daban lugar a muchas visitas, encendidos debates, opiniones favorables y desabridas, pero me dejaron el regusto de la mala educación en muchos de ellos, de la mala baba, de la sensación de que esta sociedad chabacana, grosera e impertinente se había apoderado del debate, la discrepancia elegante, e incluso de la tan despreciada pedantería, que al final resulta preferible antes que el autoritarismo latente.

Cuando me quejaba a mi amigo, éste me respondía que no dejaría de publicar opiniones más allá del Código Penal (ese compendio de leyes españolas que siempre defiende al asesino frente al asesinado; a quien insulta frente al insultado, y en general, a quien se salta la Ley antes que a quien pide su amparo) y que no podía imponer a la gente que tuviera educación y, ya puestos, que supiera escribir con un mínimo de respeto a la Ortografía.

Me llegó a salir quien se oponía porque sí, criticando hoy lo uno, mañana lo otro y al tercero lo contrario. Incluso hubo veces en las que, por dejar en evidencia su papanatismo, le llegué a aceptar su opinión contraria, me puse de su parte y también eso me lo descalificaba. Naturalmente, estimo en mucho a mi amigo, pero así no se puede estar y lo dejé. Los números dirán ─de hecho, dicen─ qué se ha ganado y perdido en el envite, más de lo segundo, al parecer.

El comportamiento asqueroso de esta sociedad de telebasura, falta de la educación mínima, acostumbrada al todo vale, a la imposición de sus opiniones, a la falta de respeto, a la justificación de todos sus atropellos, al escándalo, el chillido, el grito, ha venido a dar últimamente abandonos amargos de quienes tienen mucho que dar y que por supuesto ha venido a ser recibido como únicamente saben los cochinos: revolverse en su propia mierda.

Reinas magas y pajas reales.

Reyes MagosNo viene a cuento meterse en el terreno de la exégesis evangélica, que en cualquier caso siempre estoy dispuesto a debatir porque es un tema que me apasiona. Únicamente diría que sobre la base del llamado protoevangelio de Mateo, escrito en arameo a poco de la muerte del pretendido Mesías, se escribió todo un tratado evangélico dirigido a la comunidad judía de Caldea, la más numerosa y floreciente del exilio, la Diáspora.

Claro que se puede negar la veracidad de todos estos escritos y su misma existencia, pero por esos mismos motivos, yo podría negar la existencia del mismísimo Sócrates. La doctrina Julián Marías («¿usted lo vio?») no puede argumentarse en muchos casos, como este mismo.

Conforme a la costumbre persa, continuada por los griegos y por los judíos, Jesús tuvo su biografía de la infancia, una sarta de disparates que tratan de presentar al modo oriental al gran hombre que fue después, en el caso de los judíos las historias de Moisés y David, por ejemplo, y que son imposibles de conciliar con la vida adulta de los héroes. De Jesús se escribieron toda clase de disparates que no pueden tomarse en serio, y cuando en el Concilio de Hipona de 393 se estableció el canon de los libros sagrados cristianos, ya quedó claro que los llamados Evangelios de la infancia de Jesús eran apócrifos ─no escritos, se sobreentiende que por la inspiración divina─.

Se les planteó entonces el qué hacer con algunas de las cosas seguidas por los creyentes y no resultaban dañinas para el dogma cristiano. Y en cuanto al nacimiento y la infancia de Jesús ─hay otras ya de mayor─ se colocaron en la llamada Sagrada Tradición todas esas cosas que hasta la actualidad se siguen viendo en los Belenes, aunque en ocasiones contradiga al evangelio canónico: El Nacimiento en una cueva; el gallo que cantó; la flor en la vara de San José; la alpispa ─ya sé que se dice pájaro lavandera en el canario actual─ que borra las huellas de la Sagrada Familia rumbo a Egipto… Y que los magos eran tres, eran reyes y se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar.

Posteriormente, los tres reyes fueron cambiando de raza hasta ser blanco, amarillo y negro; y acabaron enterrados en la catedral de Colonia, Alemania. A todo ello se suma el verdadero primer Belén representado, el de Francisco de Asís, que haciendo una piadosa interpretación de un pasaje del profeta Isaías (Is 1,3), convierte el Nacimiento en un potaje de todo ingrediente.

El llamado Evangelio según San Mateo fue compuesto para anunciar a la comunidad caldea la resurrección de Jesús y la nueva religión; escrito sobre la base del protoevangelio, se ocupa de hacer constantemente a Jesús el Mesías, el objeto de todas las profecías, y añade un nexo con el lugar adonde se dirige, en el cual hay una religión, el mazdeísmo, que se basa en la llamada profecía de Zoroastro, según la cual el hijo de Dios nacería en un lugar señalado por una estrella. Sus sacerdotes ─los llamados magos─ serían los señalados por Mateo para reconocer a Jesús como rey de todas las religiones.

Después, cada cual hizo la interpretación que quiso, incluyendo aquella de Jiménez del Oso en los setenta, según la cual, la Estrella de Oriente era un ovni, y pasando por la de JJ Benítez en los noventa, donde todos los actores de aquella leyenda eran marcianos. Más lamentable es la reacción de los propios católicos cuando Benedicto XVI fue a poner las cosas en su sitio y se le tiraron al cuello creyentes, ateos y resto de la fauna desde la ignorancia y la demagogia.

Lo de Carmena de este año ha sido un paso más. Sólo eso. Un paso para destruir el Día de Reyes, banalizando y frivolizando el sentimiento de mucha gente, sabiendo ─y esto es lo que más duele─ que quienes se sienten ofendidos van a reaccionar de una manera tan sonrojante que al final hasta los amantes de esta Fiesta nos sentimos avergonzados y le daremos la razón a Carmena para que a fin de cuentas haga lo que cualquier ateo: acabar con cualquier vestigio que le suene a cristiano.

Stephen Hawkings en Teror.

Virgen del PinoEl sábado por la mañana, por un tris no llegué a ver nada menos que a Stephen Hawkings paseando por Teror, lo que para mí habría sido ver a una de las mayores autoridades de todos los tiempos, puesto que ambos creemos en la Teoría del Todo, con la nada sutil diferencia de que él es quien es, y yo un Platero sin poesía.

Como es de esperar, los primeros espadas municipales no tardaron en reflejarlo en sus muros de Facebook, cosa que me parece normal. No todos los días se tiene paseando por el casco histórico municipal a alguien de semejante relevancia, por lo demás muy lejana de la estúpida importancia de políticos y gerifaltes de todo jaez que suelen ser nuestros habituales visitantes. Lo que no sé es cómo se habrá sentido encima de una silla de ruedas al desplazarse en el insufrible empedrado de los alrededores de la basílica, con toda esa aparamenta electrónica que lleva siempre consigo. Le habrá temblado hasta el sintetizador de voz.

Lo que me produjo congoja fue la reacción de los segundos espadas, los marujos esquineros del pueblo terorense, esos que son los que siempre salen en las entrevistas de la televisión y las fotos de los periódicos, esos que nos dejan casi siempre a nivel del culo para abajo, esos que se apuran a comentar allí donde se les deja. El nivelazo ha ido desde el «gracias al nuevo gobierno municipal nos visitan hasta estas figuras» hasta el habitual «la Virgen del Pino ha vuelto a recibir una visita digna de su empaque», y demás ñoñerías tan de aquí.

Qué nos importará a nosotros la Ciencia, el Futuro, el Conocimiento y el Saber si ya tenemos, año por año, el aniversario de algo, la expectación por el manto anual de la Virgen, el cartel ganador, el sorteo de las carretas, la evocación de la visita de Unamuno y todo aquello que nos une, aunque sea caminando siempre para atrás. Que también es caminar, oye, te dirá un defensor de las tradiciones así entendidas.

Ya leí a Proust.

Foto de perfilAcabando 2013, cada periódico que se preciara se dispuso a publicar algún trabajo relativo al centenario del lanzamiento de ‘En busca del tiempo perdido’, de Marcel Proust, para lo que cada cual dispuso de lo mejor de su casa, con lo que algunos periódicos, dedicados casi en exclusiva a la cosa de su interés político, no publicaron ni una línea. En otros, en cambio, el despliegue fue colosal, y en sus páginas se publicaron articulillos de ninguna enjundia, redactados meramente para cobrar, pasando por obras doctas que irradiaban Cultura y yendo a parar al mentecato que desea pillar un gripazo con el que poder dedicarse una semana a leer la obra entera, con lo que además de publicar que es un cretino, se cree en serio que todos los lectores son gilipollas.

Proust, Cervantes, los grandes rusos o Dante, son aquellos de quienes todo el mundo habla, de quienes se explayan los artículos y se imparte doxología, pero que generalmente apenas tienen una pasada, cuatro notas, alguna referencia o resumen barato, mejor ahora que tenemos Internet. Y con qué alegría te desautoriza cualquier mamarracho, especialmente de esos que se dedicaron a tirarle piedras a los grises, en La Laguna o similares, por hacer la gamberrada y andan ahora presumiendo de señorío; licenciados de churro y a veces con ayudas de papá; conferenciantes de asadero; catedráticos del gandulismo; doctores de la amargura; culos cuadrados de la subvención y del mamoneo.

A la Soledad, en el barranco, en las noches oscuras y frías, desde la mísera y gris existencia que llevo como puedo, le miro la cara otra vez, le guiño un ojo y le sonrío: Yo sí leí a Proust. Enterito, durante un año y apoquinando los más de ciento treinta euracos que me salió la broma. Yo sí sé qué conclusión sacar…

¡Le doy mi más sentido pésame!

En una de las horas más amargas de mi vida, y a causa de los estragos de la estulticia, tuve que desviarme de la trayectoria que llevaba conduciendo mi coche desde el tanatorio hasta la Plaza del Pino, para dar un enorme rodeo y sortear las obras de la Calle de Atrás y aparcar delante de ‘Bankia’, mientras el coche fúnebre con el cadáver de mi padre se dirigía recto a la puerta de la iglesia.

O me bajo del coche en el Muro Nuevo y hago cortejo, o me despego, en esa hora suprema, de acompañar a mi padre en su último viaje, so pena de ser multado por la policía. Mientras la indignación me atenaza el habla, doy el permiso para abrir el portón trasero del coche, y con una señal, don Manuel me indique cuándo procedemos a entrar en el templo. Es habitual que se dé el pésame en esos momentos, pero la cantidad de gente que se me abalanzó me desbordó y apenas di abasto. Un policía se me cuadró delante, y con saludo marcial me dio el pésame de la corporación. Y entre manos y colonias, besos, abrazos, roces de ropas no habituales y frases rituales, se hizo notar la estentórea voz de un concejal que me daba, a voz en grito, su más sentido pésame, de usted y corbata, cuando en esto me ve, pone los ojos como platos y pregunta: «¡Ah!, ¿eras tú?»

Dos años más tarde, por arte de náusea, y con la Ley en la mano, ese elemento puede ser mi ‘arcarde’…

Andrea Camilleri: Un paso antes del duelo.

books1El criterio que tengo para seguir amistades en Facebook es doble: o bien porque nos conocemos personalmente o alguien me pide su ‘amistad’ virtual, en un caso, o en el segundo, porque se trata de alguien de quien puedo aprender, alguien que enseña. Y desde luego, si hay alguien de quien aprender es aquella persona amante de Literatura, Historia o cualquiera de las Bellas Artes, porque yo considero que son formativas de la Cultura por el buen camino, no susceptible de desvío hacia posturas regresivas como el nacionalismo que tanto detesto, o las dictaduras, algunas de moda como el anhelo actual de regresar a la caverna comunista que nos invade y nos subyugará, si Dios no lo remedia –en el sentido literal– dentro de unos meses.

Acepto de buen grado sugerencias que me hagan descubrir lecturas y autores desconocidos, no todo va a ser Proust y Kierkegaard, Marías y Vargas Llosa. La Literatura ligera es tan válida y tan legítima como cualquier obra compleja de Galdós, y necesaria, cuando menos, para quien como este humilde soplabotellas (y hasta otras sopladurías que vengan a la mente, también), encuentra incluso la diversión sin salir de los libros.

Por eso pedí a los Reyes Magos lo que se pudiera encontrar de Andrea Camilleri, porque venía bien recomendado, porque conocía, a través de la televisión, la base de su obra, y porque después de acabar el tocho número cinco de ‘A la recherche…’ tenía ganas de desengrasar. Siempre fui un fanático seguidor de esos personajes que protagonizaban novelas por episodios, llámense Sherlock Holmes, Hercules Poirot, Ms. Marple, Perry Mason, Pepe Carvalho… Tengo alguna anécdota con todos ellos, como que en los trece meses que estuve haciendo la mili en ‘El Picacho’ fui el único usuario de la Biblioteca de la Base, y que me enchufé todos los cómics de Asterix que había allí, más de treinta, una enorme cantidad de libros y la serie completa de Perry Mason, según se presumía en cada tomo.

De donde tengo más anécdotas, en todo caso, es de las novelas del Oeste, aquellas que tan magistralmente escribía el autor por antonomasia de aquel género, Marcial Lafuente Estefanía, y de lo que es culpable – una vez más – mi tía Guadalupe, quien se presentó en la habitación de la Clínica del Pino donde estuve ingresado en la primavera de 1977 con dos novelas de aquellas, que rápidamente me atrajeron y me llevaron de la mano de más de cien libritos de aquel tamaño inconfundible, incluyendo a Keith Luger y hasta que me enteré de que Silver Kane era más español que la tortilla y se acabó la magia.

Las novelas son argumento y relato. Y puede haber un relato grandioso sin argumento, y llegamos a Proust; y puede haber las dos cosas, y ahí está Cervantes; y puede haber argumento con poco relato, y ahí estaban las novelas del Oeste. O, como acabo de descubrir ahora, Andrea Camilleri. Y por ese argumento y ese relato, quería que Camilleri, y su comisario Montalbano, quedaran un paso antes de las novelas del Oeste: porque al final de todas ellas, la chica se quedaba con el vencedor del duelo a muerte. Y mis balas eran de fogueo.

¿Cambios?

El ‘caso Bárcenas’ se va a retrasar porque la justicia suiza no acepta enviar la información requerida por la española.

Don Tancredo no ha hecho un sólo movimiento en la cuestión catalana, y hasta un teniente general nos vuelve a recordar que somos carne de guerra civil y dictadura.

Podemos aglutina la Izquierda, pero más allá de ‘La Sexta’, Podemos es, a nivel local, los de siempre para lo de siempre.

A Coalición Canaria, y su actual pareja, el PSC-PSOE, le importa un rábano que sus candidatos estén imputados. Falta por ver si los actuales alcaldes de Mogán y Telde (por orden de imputaciones), o Telde y Mogán (por número de imputaciones) figuren en las próximas para mayo.

¿Por qué sólo fue la gente de Canarias7 y TVC (del mismo dueño) quien dio la noticia de que la juez de Arucas coincide con el fiscal en el ‘caso Abundio’?

¿Ha cambiado algo respecto a otros años?

¿No le ha pasado a usted, como señala el gran J. Morgan, haberse quedado atascado en un asfaltado pre electoral?

Tamaraceite, sin remedio.

cruz del ovejeroVaya por delante que hace cuarenta años que conozco a Esteban Santana Cabrera, así, en números redondos, pues allá por noviembre de 1973 fue exactamente cuando pasó, de manera que cualquier juicio que le haga nunca será imparcial. Además, fue a emparentar este hombre con gentes que se unen de lejos a mi familia paterna por vericuetos retorcidos. Puedo estar de acuerdo o no con Esteban en muchas cosas de la vida; algunas son sonoras, otras más calladas, pero todas educadas y sin restar ni un ápice al aprecio que le profeso.
Vaya por delante, en igual medida, que tengo toda mi empatía conectada con muchas y muy diversas gentes de Tamaraceite que no enganchan en cualquier aspecto de la ideología con Esteban. Cómo olvidar ahora a toda esa gente de movimientos vecinales desde su fundación, mediados los setenta, hasta que me tocó a mí bregar por ellos, una década más tarde, desde La Milagrosa en mi caso y siempre con los tamaraceiteros dispuestos a echar las manos que hiciera falta.
Pero esta última polémica por un quítame allá ese monumento en la rotonda de la Cruz del Ovejero (sí, cruz, se ha llamado de ese modo desde siempre, por más que les joda a los anticlericales) me viene a demostrar que Tamaraceite como colectivo social no vale un chavo, y que aquí se ha hecho lo que se ha querido gracias a la división que tiene este pueblo de antemano. Y conste que, individualmente, he conocido a muchas de las personas más valiosas de toda mi vida en este lugar.
Pero si hay alguien que salga a la palestra con una idea, inmediatamente hay alguien que le suelta la palestra encima. El triste sino de Tamaraceite. A pelear. A descalificar. Eso, cuando no a insultar. ¿Que Esteban es católico? ¿Y? Yo no puedo negar que Tamaraceite es su palabra más apreciada, después, supongo, de sus dogmas personales. A mí no se me ocurre negar su amor por este Pueblo, su actividad, su creatividad. Él se mueve por Tamaraceite. Si algo se hace, él está allí. ¿Que es de derechas o que es amigo de Carmen Guerra? Él publica lo que se hace en el Pueblo, si gusta o no, si parece más acertado hacer otra cosa, pues que cada cual lo exprese, y si es con educación, que venga alguno a contar cuándo ha sido censurado.
Pero no. Basta que alguien tenga una idea, busque una solución, haga una propuesta, y allí está el golpe, el mazazo, el ácido de vitriolo, la corrosión, la descalificación, como única salida. Como si el futuro, si es que lo hay, para este Pueblo pasara únicamente por los intereses políticos de tal o cual concejala del Ayuntamiento.
Que Carmen Guerra tiene fallos, claro. Que los tuvo Mena, por supuesto. Que Barrios se limitó a proponer el derrumbe del Adán del Castillo y alguna antena, ya lo sabemos. Y cuando cualquiera de ellas, u otra persona, detente el poder, a esa persona se convocará para proponer ideas, exigir soluciones, y arrearle las críticas que sea menester.
Pero mientras, ¿no ven algunos que en la descalificación no existe futuro?

Uropedas.

Foto de perfilUna de mis amigas de Facebook y de la vida real me reprochaba, a cuento de las elecciones de ayer, mi habitual escepticismo que, según su modo de ver es negativismo. Puede ser, si a fin de cuentas mi no creencia proviene de la Filosofía, y de ella es lectura obligada Schopenhauer, para alguien que sólo sabe leer. Pero también se ha leído a Wilde, a Maquiavelo y a Lampedusa, y eso, entre otros muchos, resulta imposible esquivar cuando uno opina de la política de hoy en día, que ha de escribirse siempre con minúsculas.

Confieso ser equidistante con las opciones radicales que se presentan ante la Sociedad: ni asomo de anarquismo o comunismo, burdamente presentadas como opciones “democráticas”, y ni de lejos deseo que un teniente general se subleve con algún miembro incorrupto del santoral católico en mano. Soy de cultura europea, de tipo occidental, jamás me he considerado bereber, con todos mis respetos, ellos allá y yo acá. Y por esas razones, he votado, a mis ideas, no a la gente, que a estas alturas poca hay para poder confiar no en que sean buenas ahora, sino en lo que tardarán en corromperse.

Ha ganado la abstención, y por mayoría absoluta, lo que es en España igual al voto radical en esos países que son nuestra referencia. Aquí no se ha presentado un grupo subvencionado por Argelia o Moscú, por el chavismo o por lo más granado de los calzoncillos almidonados de castillos blasonados. Pero es igual. Tengo miedo. Miedo porque Europa ya no será esa Unión que muchos queremos; no han pasado doce horas y ya están los aspirantes al poder peleando como cerdos por unas bellotas cada vez menores. Y tengo miedo por los de aquí, que no pierden el empaque, como la señora rica en salir, chula ella, a decir que “el partido del Gobierno ha ganado las elecciones”. ¿Qué has ganado tú, muchacha? ¿Legitimidad para tus políticas? ¿Seguro?

En el Psoe sí ha habido consecuencias, pero serán de acomodación a sus peleas habituales. ¿Habrá futuro para la ilusión y para un proyecto claro que se deje de chuminadas de asadero? Eso es lo que hay que ver.

La Izquierda plural no se ha convertido en la alternativa esperada, y una de mis decepciones es no haber visto asumir responsabilidad alguna todavía; UPyD ha subido, pero no se termina de afianzar. Y lo de Podemos es sorpresivo, pero veremos hasta dónde llega eso y si no se convierten en nuestros Beppe Grillo particulares.

¡Ah!, que me olvidaba de que hay más partidos, sí. Alguno de mucho tambor y chácara, por ejemplo. Partidos sí, pero enteros no parece que quede alguno. Lo mejor de todo: no hemos tenido que soportar los mítines. Delicioso.

El concepto de España, para algunos.

escudo-espanya-monocromoEl concepto que tienen los españoles de España es, con diferencia, el más aberrante de cuantos haya en Europa occidental, sólo superado por la ficticia Yugoslavia, que aun sirviendo de ejemplo para no repetir es el objetivo final que empecinadamente repiten los españoles hasta que puedan hacer lo que cíclicamente están condenados a repetir: matarse.

España fue un imperio, puede que el mayor de todos los tiempos bajo Felipe II, cuando unió Portugal a su trono. Cometió toda serie de tropelías, mató la hasta entonces mayor cantidad de personas de todos los tiempos, y con total seguridad, el catolicismo le debe su actual existencia.

Pero después de España han venido otros imperios, siempre peores: Francia, Inglaterra, la configuración de Estados Unidos, China de Mao, Japón…

De dictadores, nada tenemos que enseñar con nuestro general Franco a la Italia de Mussolini; la Alemania de Von Bismarck o de Hitler; la Rusia de todos aquellos productos del 17; Mao, Fidel Castro, Pinochet, Macías, todos los asesinos de Hispanoamérica, que en algunos casos ahora quieren quitarse su pasado de encima para ir a culpar a España de sus males…

Nadie parece sentirse orgulloso de España cuando mira su pasado, ése es un facha, un fascista, un radical a exterminar. España sólo parece tener sentido si la convertimos en una base en Derecho, una que permita su desintegración: la República, no para vivir en ella, sino usarla para que se vuelva a los tiempos de la Reconquista. Moros, ya tenemos a punta pala, sólo falta saber dónde se ubicarían. Nadie parece querer estar gobernado por la Sharia en los terrenos que le pertenecieron a Almanzor; Granada no está por la labor de constituirse otra vez en Reino Nazarí…

Los catalanes pueden alegar que ellos son descendientes de aquellos condes en que se fraccionó la Marca Hispánica de Carlomagno, y que sólo se unieron a la coalición cristiana contra el moro; los vascos ya se saben que reivindican su pasado glorioso en las montañas y nunca se mezclaron con nadie hasta que llegó el Reino de Navarra de los Ordóñez, pero ahora esto es al revés y se quieren imponer ellos a los navarricos.

Los astures, leoneses y gallegos no son quienes a partir de García González fundaron la Castilla independiente. Lo que pasó después no es cosa suya. Y los aragoneses con lo suyo. Y los valencianos, andaluces, baleares, murcianos, extremeños…

Quedamos nosotros, europeos de acento sudamericano, cruzados de todas las razas, que desde los años setenta queremos ser bereberes de toda la vida. Nosotros fuimos los conquistados, no somos españoles, somos africanos, colonia sometida a España. Abominamos de Cairasco y de Pancho Guerra; citamos a Cho Juáa porque Eduardo era un Millares comunista. Aquí lo que se lleva ahora es lo amazigh, el ulular de lenguas y gritos, el insulto a lo europeo, el abrazarse a la farola comunista, adorar a tipos como Chávez. Deberían estar en Caracas una semanita, a ver si vuelven… vivos, para acá.

Yo propongo volver al periodo del Australopitecus. Tendríamos el cerebro infinitamente más chico, pero lo usaríamos para lo mismo.